jueves, 14 de mayo de 2015

LA OTRA CARA DE LA CRISIS

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La euforia desatada en el seno del PP en lo que a datos económicos se refiere (crecimiento, datos de paro, etc.) y que tratan sus dirigentes de contagiar a quienes les deseen escuchar, tiene, como algunas contabilidades, una cara B, una parte oscura y no tan halagüeña. Esta otra visión del panorama de recuperación es la que tiene que ver con la pobreza y la desigualdad que, en los años de crisis se han agudizado.
Y es que el escenario postcrisis (vamos a llamarlo así) está claramente definido por la desigualdad. Los bajos salarios, así como la precariedad laboral, unido a una fiscalidad que se podría definir casi de cualquier manera menos progresiva y el desmantelamiento de los sistemas de protección social nos lleva a una situación en la que la riqueza se ha redistribuido entre las clases más pudientes de la sociedad en detrimento del resto de la población.
Esta situación, denunciada por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales en su Informe del Estado de la Nación Social (PDF), tiene su punto de preocupante si, como apunta el informe, no nos encontramos ante una situación coyuntural, consecuencia todavía de la crisis, sino ante un cambio estructural en el modelo de sociedad. Es decir, que superada la crisis nos encontraremos en un modelo donde la cobertura social y los derechos de los trabajadores (y en general de los ciudadanos) pueden haber retrocedido varias décadas y donde las diferencias entre los que más poseen (y a mayor ritmo se enriquecen) y los que menos tienen (y que cada vez más se empobrecen) serán abismales.
Y es que no hay que equivocarse, los datos macroeconómicos hablan de mejoras sustanciales de la economía, de previsiones de crecimiento al alza, de disminución del paro, etc. Pero no hablan del riesgo de exclusión social, de la pobreza infantil, de los abuelos que han de estirar su exigua pensión para alimentar a hijos y nietos. No hablan de los parados de larga duración que, con una determinada edad, con una formación que hasta hace unos años les bastaba para llevar la comida a casa pero que ahora resulta ser exigua, y que lo tendrán muy difícil para incorporarse en condiciones dignas a un puesto de trabajo a medio plazo.
Se habla de que el paro disminuirá a niveles de 2011 a finales de la legislatura, pero no de que uno de cada cuatro (23%) puestos que se crean son empleos temporales, ni de que uno de cada tres trabajadores percibe por su trabajo menos del salario mínimo interprofesional, así como tampoco se habla de que más de medio millón de españoles hayan tenido que marcharse a trabajar al extranjero, con mayor o menor fortuna, aunque siempre con la premisa de que más vale una miseria que nada.
Se prevé que la economía crecerá hasta a un 3% este año, pero no se dice nada acerca de que será el 10% de la población (el que acapara el 55% de la riqueza del país) el mayor beneficiario de este crecimiento, porque el modelo de economía que se está fomentando no se preocupa lo más mínimo por la redistribución de la riqueza, de modo que para el 50% de la población de este país, ese que se reparte el 10% de la riqueza del mismo, se verá abocado a la continuidad en su pobreza para ellos y sus hijos.
De igual modo, los mecanismos implementados para ayudar a las familias en apuros, es decir, los servicios sociales, que no olvidemos: no siempre sirven para sustentar de forma indefinida a aquellos que no tienen oficio ni beneficio, ni ganas de tenerlo, sino que, en muchas ocasiones sirven para dar cobertura durante un breve espacio de tiempo a una familia que de forma coyuntural está en apuros económicos, estos servicios, no han hecho más que ver recortados sus presupuestos desde el año 2011, al tiempo que las necesidades de buena parte de la población no hacían más que aumentar. Así, desde el 2011 al 2013, la inversión de servicios sociales ha disminuido en 2.810 millones de euros al tiempo que aumentaba el número de familias con todos sus miembros en paro, los desahucios de primeras viviendas por impago de hipotecas y la pobreza energética y 2.300.000 niños, según cifras de Cáritas y del INE viven ya por debajo del umbral de la pobreza.
Si este es el modelo de recuperación, si este es el modelo económico impulsado por la política anticrisis del Gobierno, o si es sólo una cuestión coyuntural que se corregirá en un tiempo razonable (si es que ese término existe cuando hay familias con necesidades vitales por cubrir) cuando el crecimiento se estabilice, es algo que sólo con perspectiva puede tener importancia. Cuesta entender que un modelo económico busque el crecimiento y el desarrollo, si para ello tiene que sacrificar el bienestar de su sociedad, hipotecar el futuro de una o dos generaciones debido a que la exclusión social dejará buena parte de su población fuera del sistema, limitada a trabajos marginales que tan solo permitirán la subsistencia, si para ello obliga a parte de sus jóvenes mejor preparados a emigrar para encontrar una oportunidad, si sacrifica inversiones en investigación y desarrollo (ya en 2013 fuimos el país de Europa occidental que menos porcentaje del PIB dedicó a esta partida) y todo ello a cambio de ofrecer estabilidad y buenas perspectivas a unos mercados financieros con hambre insaciable, sin alma, y con  muy pocos rostros reconocibles.
Mientras tanto, la maquinaria sigue imparable, no será tan grave cuando nadie muere de hambre todavía, cuando no hay signos de un gran descontento social, deben pensar, por tanto “ladran, luego cabalgamos”.
Escrito por Manuel González