sábado, 2 de mayo de 2015

TUCOS DE SEDUCCION

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Giacomo Casanova le bastaban quince minutos para seducir a una mujer; y sin ser demasiado agraciado físicamente, tuvo a 132 amantes bebiendo los vientos por él. Su sugerencia para cualquier aspirante a gourmet sexual sería su mítica frase: “El amor a veces vive en el calor de la carne, y no en el murmullo del corazón”. Para conseguir sus objetivos, Casanova adulaba y no escatimaba en halagos. Era el sello personal de uno de los precursores de lo que podría llamarse sexo de autor.
Liberarse de los tapujos
Es lo que han hecho siempre los grandes amantes: buscar su identidad propia. No son los que mejor se mueven en la cama, pero igual que un buen cocinero, innovan y fusionan sabores para provocar una satisfacción inolvidable. El psicólogo Ezequiel López Peralta da una idea más exacta de cómo sería un gourmet sexual: “Si alguien piensa en penes grandes, alto rendimiento, erecciones de acero, coitos de horas y orgasmos múltiples, se equivoca. Lo que distingue a un hombre o mujer en la sexualidad es su capacidad de inventar juegos eróticos, diferentes y excitantes. Un amante excelente es comunicativo sexualmente hablando, se siente libre con su cuerpo y deja atrás tabúes, mitos y complejos”.
La grasa abdominal segrega una hormona que ayuda a disfrutar más del placer sexual
Cuando Marilyn Monroe llamó a la puerta de George Sanders sin más ropa que un abrigo de marta cibelina y sin un solo tapujo, él pensó que sería un despropósito no hacerle el amor a una mujer así. La exuberante sensualidad de esta actriz no necesitaba más aliño para que cualquier hombre que topase con ella empezase a recibir vibraciones sexuales. Así describió Groucho Marx su primer encuentro con ella: “Excité mi vetusta libido y eché humo por las orejas”.
El cine nos ha dejado buenas referencias para entender el sexo de autor. Una de las primeras, la desvergonzada Clara Bow. Tras conocer a Gary Cooper, le llevó a su mansión y allí le puso a funcionar día y noche. No hubo compañero de trabajo ni jugador de fútbol americano que se resistiese a su encanto.
La actriz de cine mudo seguía una receta muy simple que incluye la periodista Betsy Prioleau en su ensayo Los grandes seductores: Confianza en uno mismo, un aura de autoridad y dotes comunicativas. Betsy apela a los sentidos: “Una caricia, una mirada, una voz grave y vibrante hacen que nos derritamos”. El toque afrodisíaco lo daría una buena cantidad de entusiasmo.
Exploradores del deseo
Mae West tenía una voz muy sugerente y una reserva inagotable de entusiasmo; tanto que, a falta de varón, prefería llenar el caldero de fantasía. “El buen sexo”, decía, “es como el bridge: si no tienes un buen compañero, es mejor que tengas una buena mano”.
Según López Peralta, precisamente la gran habilidad de todo buen gourmet sexual es saber explorar el propio cuerpo o el del otro, igual que si fuera un territorio nuevo por conquistar. “Esa disposición a aprender, conocer y explorar excluye la soberbia de muchos amantes que creen saberlo todo, o esas recetas de manual que plantean pasos infalibles para lograr el éxito entre las sábanas”.
Casanova, lord Byron y Picasso sobresalían por ser excepcionales. Eran seductores, voraces sexualmente e irresistibles. Y todos exhibían una pizca de algo que Betsy Prioleau considera decisivo: vulnerabilidad. Detrás de su ímpetu, potencia, empatía y espíritu libre o transgresión, a la mujer le resulta irreprimible descubrir un punto de fragilidad.
Cuando madame Pompadour conquistó a Luis XV vio en él una necesidad imperiosa de devolverle, si es que alguna vez la tuvo, la alegría de vivir. Si era necesario, acudía a las citas disfrazada de lechera con un cántaro de leche recién ordeñada o de hermanita de la caridad. “Un gran amante nunca se cansa de conquistar”, matiza Prioleau.
Cada época y cada etapa de la historia tiene su madame Pompadour, su lady Hamilton, su reina de Saba, su Cleopatra y su Casanova. Puedes anotar este entre sus útiles consejos: “Dejar las cosas al azar es buscarse problemas”. ¿Nos atrevemos a seguir sus enseñanzas?
El Arte de Amar de Ovidio
Cada una lo suyo. El poeta romano aconsejaba en su Ars Amandi que cada fémina se adaptase a una postura según sus peculiaridades físicas.
Completo catálogo. En la panoplia de virtudes externas que enumera Ovidio, a las que son menudas les recomienda “que monten a caballo”.
La belleza, cara arriba. En cuanto a las guapas: “La que destaque por tener una faz bonita, yazca supina en la cama”. Es decir, boca arriba.
Lógica aplastante. “Muéstrese de espaldas la que considera agradable su espalda. Haz tú también como el Parto, que combate de espaldas.”
Enseña pantorrillas. “Milanión llevaba sobre sus hombros las piernas de Atalanta. Si las tuyas son bonitas, muéstralas de la misma manera.”
Curvas. “Póngase de rodillas sobre el lecho flexionando la cabeza hacia atrás la mujer que destaque por la esbeltez de sus curvas.”




¿Quién no se ha preguntado alguna vez...

… solo los hombres han aprovechado el poder para obtener sexo?
No. También las mujeres han usado su estatus. Como Catalina II, la Grande; en la corte tenían verdaderos problemas para abastecer de amantes sus seis encuentros sexuales diarios. Y la emperatriz Mesalina acudía a los prostíbulos para saciar su incontenible apetito sexual.
… cuál es el secreto de hombres como gary Cooper?
Se dice que coleccionó más de mil amantes, todas las cuales le adoraban y elogiaban su carácter en la cama: una mezcla irresistible de dulzura y fanfarronería.
… la historia sería diferente sin grandes amantes?
En El arte de la seducción, Robert Green recoge testimonios de mujeres que hicieron de la seducción un sofisticado arte y una herramienta psicológica más poderosa que el poder físico para destruir al adversario. Cleopatra, por ejemplo, sedujo a Julio César para salvar el trono de Egipto.
… los castrati eran más solicitados?
Si la castración se realizaba después de los diez años, el impacto sobre el desarrollo físico no era tan radical. A las mujeres de la alta sociedad les parecían idóneos porque, manteniendo una buena erección, no había riesgo de embarazo.